martes, 27 de enero de 2015

El Universo genera raciocinio y moral

Kelly Smith, investigador de la Universidad de Clemson, ha ido mucho más lejos con el trabajo que acaba de publicar en la revista Space Policy. De hecho, afirma que la vida en general, incluso la vida racional con su cultura tecnológica asociada, podría ser mucho más común de lo que pensábamos. Y lo que es más, esa tendencia universal posee connotaciones claramente religiosas y podría, incluso, haber establecido una base verdaderamente universal para el desarrollo de la moralidad.
Para llegar a estas conclusiones Smith, que es Biólogo evolutivo y filósofo, aplica los últimos desarrollos teóricos en Biología y Sistemas Complejos, y a través de ellos intenta dar nuevas respuestas a las grandes cuestiones morales que, hasta ahora, habían sido consideradas como algo exclusivo de los seres humanos.
Smith señala que los científicos están empezando, cada vez más, a discutir cómo la estructura básica del Universo parece favorecer, desde el principio mismo de su existencia, el surgimiento de sistemas cada vez más complejos. En efecto, la historia a gran escala del Universo sugiere con fuerza que existe una tendencia clara hacia el aumento de la complejidad. Así, el estado energético inicial, altamente desordenado, produjo átomos y moléculas, que se combinaron para formar estrellas y planetas, en los que a su vez evolucionó la vida.
Además, la propia vida parece tener también su propio patrón de aumento de la complejidad, pasando de organismos muy simples a otros cada vez más complejos hasta el punto de llegar a desarrollar la razón y la cultura.

Máquina de complejidad

Recientes desarrollos teóricos en Biología y Sistemas Complejos sugieren que, de hecho, esa “tendencia” podría ser muy real y haber surgido de la estructura básica del Universo para desarrollarse de una forma que la Ciencia es capaz de predecir. “Si esto es cierto -afirma Smith- podríamos observar al Universo como si fuera una especie de «máquina de complejidad», lo cual plantea toda clase de cuestiones sobre lo que esto, en el sentido más amplio, significa. Por ejemplo: ¿Podría la creencia de que el Universo está estructurado para producir complejidad en general, y criaturas racionales en particular, constituir una creencia religiosa? Esto no implica necesariamente que el Universo tenga que haber sido creado por Dios, pero por otra parte sí que sugiere que el tipo de racionalidad que observamos no es un accidente”.
Para Smith, las implicaciones morales que, en potencia, encierra esta idea encierran otras similitudes con la religión. Por ejemplo, si la evolución tiende a favorecer el desarrollo de la sociabilidad, la razón y la cultura como una especie de “paquete”, entonces sería lógico pensar que cualquier ser extraterrestre que pudiéramos encontrar en el futuro también habría evolucionado de un modo similar, de forma que sus compromisos morales básicos serían similares a los nuestros.
En particular, afirma Smith, que está preparando un libro sobre el tema, “ellos” estarían de acuerdo con nosotros en que existe “algo especial” desde el punto de vista moral, que afecta a todas las criaturas racionales y sociales que pueda haber en el Universo. Y esa especie de “acuerdo universal” podría sentar, a su vez, las bases para la construcción de un sistema ético que fuera verdaderamente universal.

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